
Será posible… pues sí, después de disfrutar de unas vistas increíbles de toda la bahía desde el avión y nada más bajarme me fui directamente con Celi y Pablito a tomar unas Estrellas!!!!. Ellos me decían que estaban de resaca y que no estaban para mucha fiesta esa noche, yo estaba dispuesto a perdonarlos pero ya les dije, “vamos a tomarnos una Estrella y veremos que pasa”. Y lo que pasó fue una sucesión de cervezas, caipirinhas y sangrías que nos dejó tontos. Perdimos el último metro para Oakland (que es donde vive Pablo), así que no nos quedó otra que caminar hasta el otro lado de la ciudad para pillar un bus que no estaba muy claro si existía. Impresionante, ¿puede haber algo mejor que descubrir San Francisco de noche y con una cerveza en la mano?. Que ni decir tiene que está prohibido beber en la calle, robar señales (intento frustrado) o beber en el bus, pero a esas horas como que todo da igual, vaya risas…
Al día siguiente, con una resaca criminal, fui con Celina a Berkeley a ver el laboratorio donde trabaja, la Universidad y algunas calles famosas como Telegraph, donde empezó todo el movimiento hippie. Y por la noche fuimos al aeropuerto de Oakland a despedir a Jota, uno de los chicos del grupo que se volvía definitivamente para Argentina. La verdad es que fue muy emotivo, todos los amigos de sorpresa en el aeropuerto y algunos/as llorando como magdalenas, un poco más y yo también me pongo a llorar.
El tercer día lo pasamos en San Francisco viendo los tranvías, las cuestas, el contraste entre los rascacielos y las casas de apenas 4 plantas, la isla de Alcatraz y por supuesto, el Golden Gate, majestuoso!!!. Luego nos fuimos al barrio italiano de bar en bar, hasta que nos juntamos con toda la gente en un pub muy famoso llamado “vesuvio”. Allí Karina, que llevaba un pedo enorme, nos dio una lección magistral sobre música argentina y sobre el fenómeno del "cuarteto argentino", Rodrigo Bueno, Walter Olmos, la "Mona" Jiménez... la madre que la parió, hacía tiempo que no veía a una persona tan borracha y eso que solo se tomó dos copas. Antes de volver para Oakland, paramos en un sitio un poco alejado de la ciudad donde pudimos contemplar todo San Francisco iluminado, una vista preciosa.
Y para terminar mi estancia en California, que mejor que un “asado argentino” y una tarde de relax tomando Mate. Que rico estaba el asado, me hizo recordar al churrasco y me di cuenta de cuanto echo de menos la comida española.
En fin, que me lo pasé de puta madre y que no me hubiera importado quedarme unos cuantos días más. Un beso muy grande para Celina, Pablito, Fede, Ceci y demás camándulas que me trataron genial. Espero que nos volvamos a ver otra vez en diciembre.
“y todo el pueblo cantó: Maradó, Maradó…”
http://www.youtube.com/watch?v=rgGYgLG6RRo